martes, 4 de noviembre de 2008

Hace cinco años una servidora pisaba Segovia por primera vez, pendiente de una entrevista de acceso a la universidad privada de la ciudad. Aprobando selectividad en septiembre tenía muy escasas posibilidades de poder entrar en una universidad pública eligiendo una carrera que me motivase. Así que la alternativa apareció de imprevisto ojeando unos folletos, a la desesperada, sobre universidades españolas. No tenía referencias, pero no importaba, pasaban los días, y la universidad SEK se iba convirtiendo en mi única opción.

Una vez hecha la entrevista, simple protocolo, me informaron de todos los procedimientos a seguir para formalizar la matrícula y a continuación pasaron a explicarme el precio que había de pagar por ser una licenciada sin tener la nota de acceso que una carrera pública exigía. Me pareció excesivamente caro, pero yo estaba deslumbrada ante la idea de poder ser universitaria, y lo más importante, de poder estudiar lo que me gustaba.

Al principio todo era bueno, las instalaciones me parecieron adecuadas. Carecía de información sobre otras universidades, así que estaba conforme con lo que se me ofrecía. El primer curso pasó volando, todos los alumnos de clase éramos una piña. Me entusiasmaban las clases, la ciudad, la independencia. Sin embargo, a partir del segundo curso empecé a notar algunas deficiencias. El plan de estudios no se ajustaba a la carrera que cursaba. La mayoría de las asignaturas aportaban un enfoque enteramente periodístico, dejando a un lado la parte técnica e indispensable que conlleva el estudio de la comunicación audiovisual. La explicación fue que en el primer ciclo, se aúnan las dos carreras, Periodismo y Audiovisual. Sin embargo la realidad es que era todo periodismo y de audiovisual nada. Esperamos pacientes a que llegara el segundo ciclo. La cosa mejoró tímidamente, pero no lo suficiente. Los profesores, que nos daban la razón siempre respecto a este tema, nos decían que por lo menos teníamos la oportunidad de utilizar los medios de la Universidad en horas fuera de clase, cosa que en otras era impensable. Pero, ¿cómo voy a coger una cámara si no sé usarla?“Teneís que formaros fuera. ¡Un poco de iniciativa chicos!”. ¿Iniciativa? ¿Horas fuera de clase?

Perdón, yo es que pensé que pagaba un millón de pesetas al año para que me enseñarais a hacerlo aquí, dentro de las aulas. No recibimos ni una sola clase de edición digital y muy pocas de edición analógica. Casi nada de radio técnica. Casi nada de nada en lo referente a la carrera que cursamos. En cuarto, el último curso, la cosa mejoró un poco, pero no fue suficiente, ya era tarde.

Al final, lo que aprendí, exceptuando cultura general, me lo enseñaron en las prácticas de verano, tanto de periodismo como de comunicación audiovisual. Cuando llegué a Localia no sabía coger una cámara. Y llevaba tres años de carrera, me quedaba uno.

La culpa no la tienen los profesores, ellos tienen las manos atadas y más de uno hizo mucho más de lo que la Universidad pedía. Les estaremos agradecidos siempre. La culpa es del sistema de educación y de los ignorantes, con perdón, que diseñan los planes de estudios. Serán muy catedráticos y eruditos en la materia, pero de enseñanza no tienen ni idea.

Y que te vacilen en la universidad pública es grave, pero que lo hagan en la privada, que te cobran hasta por respirar, como Hacienda, no se entiende. Yo por lo menos no lo puedo entender.

El último ejemplo de la desvergonzada y poco sutil forma de actuar de estas universidades se produjo hace menos de un año, cuando exigieron que para poder aparcar en el parking de la IE Universidad, destinado a alumnos y profesores, debía de aportarse una tarjeta otorgada, como siempre, previo pago… ¡Pero señores, si hemos comprado el parking entero con las mensualidades desorbitadas que hemos aportado durante cinco años!

1 comentario:

Con T de Tecnología dijo...

Totalmente de acuerdo, la cultura del capital parece que supera a cualquier otra por estos lares.

Un saludo!